Cúmulo estelar RCW 38

Cúmulo estelar RCW 38

Este es el corazón de una nube cósmica, llamada RCW 38, atestada de estrellas y sistemas planetarios en ciernes. Allí, las estrellas jóvenes bombardean soles nacientes con fuertes vientos y luz resplandeciente, y los planetas ayudados en su tarea por las estrellas masivas de corta vida que explotan como supernovas.
En algunos casos, este ataque de materia puede llegar a formar nuevos sistemas solares. Los científicos creen que nuestro propio sistema solar surgió de dicho entorno.

Cúmulo estelar RCW 38

El grupo denso de estrellas RCW 38 brilla a unos 5.500 años luz de distancia en la dirección de la constelación de Vela (las velas). Al igual que el Cluster de la nebulosa de Orión, RCW 38 es un “grupo integrado”, en el que la naciente nube de polvo y gas aún envuelve a sus estrellas. Los astrónomos han determinado que la mayoría de las estrellas, incluyendo las de baja masa, las rojizas que superan en número a todas las demás en el Universo, se originan en estos lugares ricos en materia. En consecuencia, los grupos integrados proporcionan a los científicos un laboratorio viviente en el cual explorar los mecanismos de formación estelar y planetaria.

Cúmulo estelar RCW 38

Al observar cúmulos de estrellas como RCW 38, podemos aprender mucho acerca de los orígenes de nuestro sistema solar y otros, así como de las estrellas y planetas.
Utilizando la óptica adaptativa NACO instrumento unido al Very Large Telescope de ESO, los astrónomos han obtenido la imagen más nítida de RCW 38. Se centraron en un área pequeña en el centro del cúmulo que rodea a la estrella masiva IRS2, que brilla intensamente, en el rango blanco-azul, el color y la temperatura de la superficie más caliente posible para las estrellas. Estas observaciones revelaron que IRS2 en realidad no es una, sino dos estrellas, un sistema binario que consiste en abrasadoras estrellas gemelas, separadas por cerca de 500 veces la distancia Tierra-Sol.

Cúmulo estelar RCW 38

En la imagen de NACO, los astrónomos encontraron un puñado de protoestrellas, y de otras estrellas candidatas que vivieron un tiempo aquí, a pesar de la poderosa luz ultravioleta irradiada por decenas de IRS2. Algunas de estas estrellas en gestación pueden, sin embargo, no superar la fase de protoestrella. La fuerte radiación de IRS2 energiza y dispersa el material que de otro modo podría colapsar para formar nuevas estrellas, o que se ha asentado en los llamados discos protoplanetarios alrededor de estrellas en desarrollo. En el transcurso de varios millones de años, los discos que sobreviven pueden dar lugar a los planetas, lunas y cometas que componen los sistemas planetarios como el nuestro. Como si los rayos ultravioleta intensos, no fueron suficientes, las guarderías estelares como RCW 38 también someten a sus crías a las supernovas frecuentes, cuando las estrellas gigantes explotan en los extremos de sus vidas. Estas explosiones dispersan el material a lo largo del espacio cercano, incluyendo raros isótopos, exóticas formas de los elementos químicos que se crean en estas estrellas moribundas. Este material eyectado termina en la próxima generación de estrellas que se forman cerca. Debido a que estos isótopos se han detectado en el Sol, los científicos han llegado a la conclusión de que el Sol se formó en un cúmulo como RCW 38, en lugar de en una parte más rural de la Vía Láctea.
Crédito imágenes: ESO, Observatorio Europeo Austral. 



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